Otro diciembre de incendio social y el tironeo siempre de las mismas manos

Ayer me escribió una amiga que hice durante mi viaje por Rusia, en diciembre del año pasado. Ella, Ukraniana, ha participado de la gran revuelta en su país, donde hace algunos años se levantó el pueblo durante meses, algo similar a nuestro “que se vayan todos” del 2001 y otras crisis europeas de los últimos años (salvando las grandes diferencias, sólo para darle contexto).

Es socialista en su día a día, y comunista de ideología; y cuando estuve por allá de viaje me preguntaba “¿qué opinión tengo del “peronismo”? ¿por qué en Argentina no triunfa el socialismo/comunismo?”. Es decir: no es “zurda” sólo durante las marchas, y después veranea en Miami, usa iPhone mientras defiende la industria nacional, y tampoco otras otras guarangadas que uno ve por estos lados de Sudamérica.

Ayer recordábamos en una videollamada los hermosos momentos del viaje, y me decía que vio las noticias: manifestantes queriendo irrumpir en el Congreso, molotov, una veintena de autos quemados, jubilados llorando por impotencia y también por gases lacrimogenos… DE TERROR!

Hablamos mucho, BIEN, sin chicanas, con altura. Debatimos, ella con conocimiento del verdadero sentido social, el reconocer que aún en la vieja URSS es un modelo agotado y obsoleto, que debió sufrir una transformación y actualización; y de mi parte, lo que seguramente pasó a uds. alguna vez: ¿cómo explicamos los quilombos argentinos, que ni los argentinos terminamos de entender?

Sí, coincidimos, en que la violencia (como la vivida en Ukrania, en tantas guerras, en tantas marchas acá también), cada vez “está menos de moda”. Que hoy existen otros medios, formas, dinámicas de protestar, de hacerse escuchar, de elevar la voz, de exponer una injusticia y difundir un reclamo.

Coincidimos, también, en que se necesita que las instituciones funcionen, y le recordé que en la Constitución Argentina reza: “el pueblo no delibera ni gobierna, sino por intermedio de sus representantes”.

De Legisladores que votamos hace un mes y medio, en un país que NECESITA acomodarse, que necesita pensar en futuro, debatir, y luchar; mientras ellos cobran fortunas, tienen pasajes de avión que si no usan para visitar al pueblo o viajar para ir a trabajar al congreso, pueden hacerlos plata luego… Y eso si es que votan, y presentan proyectos, que sabemos muchos calientan la silla.

Donde votamos, creo yo, por tal o cual partido, pero todos con un interés en CRECER, madurar, ser un país un poco más sólido, y trabajar TODOS (digo trabajar, cuando también conozco personas que de profesión son “manifestantes”, y me duele), y poner un poquito de coherencia, calma. Pero sobre todo, se votan, avalan y promueven IDEAS en CONSTRUIR una REPUBLICA, y una Nación GRANDE, moderna y con empuje de TODOS Y TODAS.

Y nos quedamos con un sabor a metal en la lengua, aún hablando a 15.000km de distancia, ella entrando al invierno y yo casi en verano, con un corte de luz por récord de demanda eléctrica y las redes de distribución que no dan abasto. Ella, con sus cabellos rubios, su feminismo revolucionario de verdad, y no sólo alguna marcha cada tanto. Yo, con mi pensamiento puesto en que todos los días trabajo, aporto, y de todas formas, el día que me jubile seré un pobre más, mietras durante años ese dinero que debía ir para darme el beneficio, fue a financiar planes, arreglo de vidrios rotos, autos incendiados, derechos y más beneficios al 40% que trabaja en negro. Y sí, un poco de bronca da.

Y me quedé pensando qué me representa, y qué no. Quizás este mensaje no lo lea nadie, quizás quede perdido como un escrito más, quizás no se viralice, quizás no le guste a alguien, quizás…

Lo que sí estoy seguro, y creo, y espero, es que por opinar, expresarme y decir algo, no me va a caer la AFIP como sí sucedió hace 4 años.

Espero, creo y pienso, que el gobierno actual ejercerá su poder de ESTADO (más no de una gestión de pasajeros 4 años), y reconocerá que se necesita debate, inversión, TRABAJO y FUTURO. Y, quizás esta, es la oportunidad de que sea el último diciembre en donde la sociedad tiene miedo de que se prenda fuego todo eso que costó tanto conseguir.

Dejame tu comentario