A todos nos cuesta comenzar la semana. El día lunes es como que nos avisa “hey, hay que volver a la rutina, el despertador temprano, el salir a la calle a ganarse el pan”; y creo que eso es lo que molesta… Amamos el fin de semana, que podemos darle mil explicaciones a su invención, ya sea la religiosa de que Dios descansó o sea el día del ayuno, hasta que son días necesarios para el ordenamiento social.

Y para muchos, el fin de semana ya comienza el jueves a la noche: el viernes ya, dependiendo el trabajo, es como que pasa a ser una jornada de pre-sábado, del after office, del casual day, del me voy 5 minutos antes si terminé todo… ¿Soy el único al que le pasa? No, claro que no. Aún los más estrictos y conservadores tienen en alguna parte de su rebelde internamente muy escondido, esa chispa de viernes, aflojándose la corbata antes de marcar tarjeta y despedirse hasta el lunes de la oficina.

Pero, volviendo al tema, odiamos el lunes. Es como que eso también deriva en un análisis más delirante y con amplio márgen de error que no intentaré corregir, generalizando sin seguir estadísticas ni métodos, pero sí con base en años de observación; puedo decirles que “quien odia el lunes”, al mismo tiempo odia en mayor o menor medida su rutina, el trabajo, su puesto, la relación con sus compañeros y clientes, odia el despertarse temprano y hacer horas extras, el salir temprano una mañana fría y con niebla, regresar en la tarde con el calor de la calle después de pasar frío con el aire acondicionado. Quien odia el lunes, odia, poquito o mucho, una parte o el todo de su trabajo.

El lunes es cuestión de cómo te parás frente a 6 días…

¿Nunca les pasó que después de un fin de semana extrañaban la rutina? Bueno, quizás no de forma clara y explícita, pero seguramente el aburrimiento fué creciendo desde el viernes por la noche hasta el domingo a la tarde, donde ya empezás a preparar la camisa y lustrar los zapatos. Pero no lo estás haciendo por “dejar todo listo”, lo hacés por aburrimiento, por que estás medio al cuete, falto de actividad… y sino, por domesticación a la rutina. Extrañas el laburo.

Quien disfruta al máximo el fin de semana, con actividades, realmente aprovechando los momentos, sintiéndose parte de un grupo de caminatas o deporte, compartiendo en familia, visitando amigos, saliendo de la rutina; aquel que apaga el celular y no tiene la necesidad ni el acto reflejo de creer que vibró o que “debo revisarlo no sea cosa que hubo una emergencia”, quien realmente puede desconectarse de la semana laboral, y tiene el privilegio de hacerlo, es quien encontró cierto equilibrio.

Odiar el lunes y amar el viernes depende de cómo te parás frente a 6 días restantes, a qué motivación te da tu trabajo, si estás simplemente para cumplir un horario, vender más o el sueldo a fin de mes; o en cambio, todo lo opuesto, tenés la suerte de poder trabajar de lo que te apasiona, de eso que todos los días mientras batís el café ya estás generando buen ánimo, que cuando llegás y te parás frente a la puerta de la oficina/fábrica mirás el edificio y sonreís, que saludás al portero y podés responderle muchísimo más que un “y acá andamos, que vamos a hacerle…”

¿Cómo solucionamos el odio a los lunes?

Sí señor, te lo soluciono en 2 minutos más, en las próximas líneas. A mí me funcionó, así que va desde la experiencia, no desde el consejo vacío y que yo no aplico.

El calendario como lo conocemos es respuesta de la ciencia/religión/política/economía/sociedad a dar un ordenamiento. De hecho no es el primer sistema calendario que se usa, de allí que culturas como la China o la Judía tengan casi cinco mil años; que los rusos festejen dos veces año nuevo con diferencia de una semana.

No se si Dios descansó el domingo, tampoco si valorará nuestro ayuno de sábado, sí se que la agenda laboral podemos manejarla y dependerá de nuestra flexibilidad el poder encontrar los equilibrios necesarios. Si podés acomodar tu agenda, si tenés esa oportunidad, sería fantástico que analices tus estados de ánimo a lo largo de los días y, como pequeña tarea, puedas describir mínimamente en 3 renglones qué positivo y qué negativo pasó en tu jornada. Ahí verás que los lunes no son tan malos, y si lo son, es porque todos con quienes te rozas odian los lunes, y esa es una energía que está en el ambiente.

El lunes no es el único día en que podés empezar una dieta, aunque es más fácil pensarlo así, por la estructura mental que adoptamos y cultivamos por años. Te desafío a que empecés ejercicio y dieta un miércoles…
¡Vamos! ¡Rompé ese esquema, se puede, y te irá muchísimo mejor”

El lunes seguirá costando un poco después del fin de semana, pero podés comenzarlo de una forma diferente: salir a correr por la mañana, batir el café para toda la familia y preparar algo de desayuno, empezar así más tarde cuando “todos hayan asumido que es lunes y eso no va a cambiar hasta pasada la media noche”. Llegarás a la oficina sonriente, te enterarás de todo ya filtrado bajo el tamiz del mal humor, el pesimismo y las malas noticias, con eso procesado y donde estarás fresco para actuar sobre el resumen y no las idas y vueltas de temprano.

El viernes no termina la semana, sólo el trabajo. Cuando podés desenchufarte, como decía, si tenés el privilegio de poder apagar el celular y olvidarte de todo hasta la media mañana del lunes, es lo ideal. Si podés hacer actividades anti-rutina, todo eso que no podés hacer por el horario laboral, o hasta vivirlo sin planear nada pero con muchas actividades, siendo espontáneo, quizás hasta un poco impulsivo de hacer y hacer cosas que te distraigan/motiven, adelante!

Los lunes seguirán siendo caóticos hasta que asumas que el viernes no es aquel día brillante, rebosante de libertad y fresco que te vendió la rutina social, aquel que abre las puertas de un fin de semana de diversión en las pistas del boliche y los tragos hasta la madrugada; el viernes es sólo un día más que abre oportunidades a hacer cosas distintas.

Cambia la actitud y cambiará tu entorno. Cambiá la forma de ver las cosas, orientá diferente tu escritorio, usá una corbata de colores chillones, andá de traje y zapatillas. Hacé lo que necesites y ayude a romper el esquema de que los lunes son de terror.

A D V E R T E N C I A – Elaboración propia en base a mi observación y experiencia. Este artículo no fue supervisado por ningún especialista de recursos humanos ni la psicología, pero todos sabemos que está basado en hechos reales y tiene gran porcentaje de verdad. Se recomienda criterio y discreción.

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Lunes, cuestión de actitud

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